Siendo la sexualidad un Holón que implica género, reproducción, erotismo y vínculo; el abordaje del deseo es amplio y tiene muchas vías de entrada y miradas diferentes.
¿La buena sexualidad ocurre naturalmente en una pareja? Como primera premisa ha quedado en evidencia las diferencias entre el deseo sexual femenino y masculino. S. Levin aporta a la comprensión de este fenómeno complejo, que el deseo sexual está compuesto por aspectos diferentes e interactuantes, impulso biológico; motivación psicológica y aspiración cognitiva.
El deseo sexual normal depende de un buen balance entre el “motor erótico”, básicamente la atracción por el compañero y los “frenos sexuales”, rechazo por el mismo.
Hay que “saber escuchar” el contexto en el que se inscribe ese “ya no tengo ganas”.
Sin embargo, no siempre el aumento de la intimidad de la pareja, determina un aumento de su deseo sexual. La pasión disminuye mientras la intimidad aumenta.
Esta paradoja se resuelve cuando se clarifica la intimidad en dos partes: “la valoración del otro”, que incluye proximidad y dependencia; y “la autovaloración”, que implica diferenciación y autonomía frente al otro. Aprender a mirarse a sí mismos y no el uno en el otro.
De este modo, desarrollado a partir de la teoría de Erikson, una pareja que perdura en el tiempo, va madurando y evolucionando en cinco estadios: -el fuego; -la unificación; -la fusión; -la diferenciación; -la integración. Los trastornos del deseo sexual pueden aparecer en cualquier etapa del proceso. Pero éste será perdurable si se alcanza la etapa de integración.
Este modelo de progresión lineal, permite a las parejas a comprender que las relaciones íntimas constituyen un proceso de construcción, en el cual atravesadas las luchas por el poder y la autonomía, se logra la integración y el incentivo para superar las dificultades.
Integración es Espiritualizar el vínculo. Es precisamente aquí donde aplicamos TANTRA
Podríamos decir así que el deseo de la sexualidad comienza en nuestra mismidad y no en relación a una pareja.
En la época que nos toca transitar, el deseo de desear, supera al deseo de sostener el deseo. Cuestión que inevitablemente deriva en fatiga y estrés; ya sea porque nos crea expectativas altísimas, porque nos distrae, porque nos “desinstala” del ocio creativo. De este modo en la vida cotidiana nos alejamos cada vez más de la sexualidad.
¿O acaso la única sexualidad es el deseo de tener sexo?
Hemos perdido el conocimiento de nuestras satisfacciones inmediatas y de nuestros deseos verdaderos y profundos. Hemos reemplazado el Tener por el Ser.
Considero que con la práctica de Tantra incorporamos el reaprendizaje del camino inverso: “Ser en la sexualidad” y no sólo “Tener sexo”.
Todos los artículos de este sitio los escribe Olga Tallone |